Sobre la Reflexión

En primer lugar, me gustaría saludarte y agradecerte de corazón tu interés por leer estas palabras cuya única pretensión es, desde mi más humilde experiencia, compartir y transmitir todo aquello que me ha servido y continúa sirviéndome para conocer al ser humano y el mundo que nos rodea, sabiendo de antemano que se trata de una tarea que no tiene fin.

Con motivo de inauguración y por qué no, de celebración de este espacio web personal, pienso que es una buena idea empezar escribiendo acerca de todo aquello que tiene que ver con el aprendizaje que podemos extraer cuando reflexionamos, ya sea sobre una frase, una imagen, un sonido, etc.

Son muchos los libros, compendios, tratados, y demás escritos, de este siglo y de todos los anteriores, que albergan en su interior enseñanzas tales que, de ser aprendidas, nos otorgan poder.

Por poder, me limito a reseñar la definición de la R.A.E, que dice así en sus primeras dos acepciones «Tener la facultad o potencia de hacer algo» y «Tener la facilidad, tiempo o lugar de hacer algo».

A menudo encontramos que dichas enseñanzas, ya sea en forma de poesía, parábola, o simple literalidad, vienen envueltas en pocas frases, o en pocas palabras, y es que «A buen entendedor, pocas palabras bastan». Si bien es cierto esto último, el llegar a ser buen entendedor no es tal cosa que pueda hacerse de la noche a la mañana.

El estudio nos revela que la lectura tiene, en la mayoría de los casos, dos aspectos; uno exotérico o literal, y uno esotérico o simbólico. El primero se refiere a la «verdad hacia afuera» mientras que el segundo se refiere a la «verdad hacia dentro». Uno es el vestido y el otro, aquello que porta el vestido. Uno es la forma de contarlo y el otro, lo contado.

Así pues, si leemos e interpretamos las palabras de forma literal, estaremos limitando al signo a su aspecto físico, sin ver ni entender su significado real, su intención, su razón de ser. Pues algo aquí debe quedar claro; que el ser humano entiende en base a su nivel de comprensión. Esto, aunque obvio, debe ser remarcado, pues en la medida que seamos capaces de razonar y llegar a entender e integrar nuevas ideas, automáticamente nos hayaremos en un nivel más elevado de comprensión, y así sucesivamente.

En este proceso consciente (poniendo toda nuestra atención) de pensar, razonar e imaginar, nos topamos con varias piedras en el camino, sorteables o no, que pueden hacer que desistamos y demos la vuelta o que tomemos un ramal de éste. Aquí es de imperiosa necesidad saber que desaprender es tan valioso o más que aprender, pues la gran mayoría de ideas y paradigmas que tenemos «instaladas» en nuestra mente, se formaron o bien inconscientemente, o bien sin un nivel de comprensión suficiente, o una combinación de ambos factores.

Entonces, el primer paso para aprender algo nuevo es realizar una revisión exhaustiva de los caminos neuronales o ideas que conforman nuestra mente, al menos de los que podemos ser conscientes. Hecho esto, estaremos en una posición ventajosa para poder abordar nuevas ideas y, más tarde, sopesar lo conveniente de realizar un cambio de paradigma.

Ejemplos de ideas a desaprender:

  • Los libros de autoayuda son para fracasados (¿Hay algo mejor que ayudarse a sí mismo? ¿Cómo vas a ayudar al otro sin ayudarte antes a ti mismo?)
  • No tengo tiempo (Siempre tenemos tiempo, lo que ocurre es que decidimos emplearlo en otra cosa)
  • El tiempo es oro (El tiempo no es oro, el tiempo es vida, porque de vida está hecho el tiempo)

Así, tras dar unas pequeñas pinceladas acerca de algunas claves del estudio de determinados textos y frases, y de cómo afrontar su estudio y su reflexión, doy por finalizado aquello que quería comentar.

Esta primera entrada, aunque escueta, así como todas las sucesoras, son mutables y no fijas, por lo que irán cambiando su forma a medida que pase el tiempo.